

PROYECTOS
Octubre - Diciembre 2009
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Editorial
Se acabó el verano y llega el momento de afrontar el último trimestre del año, la última oportunidad, para muchas empresas (sobre todo las más pequeñas) de salvar el ejercicio esperando alguna intervención divina que les permita cuadrar las cuentas anuales... La crisis está pasando factura seriamente a un gran número de compañías. Las hay que, tras reducir gastos en todo lo
posible, finalmente han tenido que cerrar por no poder afrontar el coste de un negocio que no es tal, pues no aporta ingresos, y de los beneficios ya ni hablamos.
La situación es seria, y aunque ya han comenzado a surgir voces que aseguran detectar atisbos de cierta recuperación económica (principalmente en el entorno europeo), la realidad es que el futuro a corto plazo se sigue viendo de tonalidad más bien oscura...
La propia Administración Pública ha comenzado a apretarse el cinturón, y proyectos que ayer salían adelante, hoy se quedan estancados por falta de recursos, o porque han de dedicarlos a lo que consideran verdaderamente necesario. Y aquí viene la gran pregunta: ¿cómo se decide lo que es "verdaderamente necesario" para una comunidad autónoma o para un país? Los puntos de vista son muy variados, y difícilmente lloverá a gusto de todos (nunca lo hace).
Una cosa sí vemos clara desde el sector tecnológico: la innovación ha de estar dentro de esas prioridades por las que todos los gobiernos deben apostar en momentos de vacas flacas. Sería un error que podría traernos pésimas consecuencias decidir recortar el gasto, la inversión o los presupuestos destinados a impulsar la innovación de nuestro tejido empresarial. Y más cuando acabamos de conocer que España ha perdido dos posiciones en la lista
mundial de Competitividad Tecnológica 2009, bajando al puesto 25, por detrás de Estonia e Italia. Ante esta coyuntura, más que nunca hay que ver la tecnología como un aliado que puede ayudarnos a superar este momento crítico en el que estamos inmersos. Nunca pasaremos la crisis sin el concurso de la innovación, y si lo hacemos, nos encontraremos con una perspectiva tan negativa que la brecha digital entre España y los países de nuestro entorno se acentuará, y nos costará mucho más que antes recuperar el espacio perdido en el contexto internacional.
La pequeña empresa española tiene que concienciarse de que no es buen momento para recortar las inversiones en tecnología, sino todo lo contrario: es el momento de buscar estrategias alternativas que permitan optimizar los procesos y sacar la máxima rentabilidad al negocio. Mejorar la productividad para conseguir mayor competitividad: la clave para superar la crisis. Pero también necesita saber que para ello sigue contando con el apoyo de las instituciones, que precisamente ahora no le van a dar la espalda si necesita solicitar una ayuda para acometer la modernización de sus procesos.
Desde la Fundación, confiamos en que quienes tomen las decisiones "anticrisis" lo hagan para que podamos regresar cuanto antes al puesto 23 en competitividad tecnológica, y a ser posible superarlo, y eviten que entremos en modo "caída libre" en la lista de 2010.
Alfonso Arbaiza
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